Día Internacional de la mujer

Desde la Coordinadora Estatal de Juventudes de Unidad Progresista de la ONCE presentamos este trabajo con motivo del Día Internacional de la Mujer que se celebra el 8 de marzo.

Nuestra intención es la de concienciar a la Sociedad de la importancia que tiene la mujer en el desarrollo de la misma, de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y de la doble discriminación que se produce en una persona cuando es mujer y al mismo tiempo sufre una discapacidad.

Para luchar contra algunos de los estereotipos que todavía están presentes en muchos ciudadanos y ciudadanas os presentamos la vida de tres mujeres, Yordana, Marina y Jennifer, que día a día demuestran con su capacidad de superación que la igualdad es posible.

 

Yordana de Castro Reyero:

Me llamo Yordana, tengo veintinueve años, y tengo discapacidad auditiva y visual. Llevo afiliada a la ONCE desde hace cuatro años y soy socia de Juventudes de Unidad Progresista. En la actualidad, vivo de forma independiente en León.

Estudié la Licenciatura de Administración y Dirección de Empresas, y gracias a mi expediente académico pude realizar prácticas en Caja España, donde estaba muy contenta desempeñando las funciones básicas de caja. Finalizado este período de prácticas, me puse a preparar las oposiciones de Técnico de Hacienda durante tres años, pero no conseguí una plaza, así que decidí buscar empleo de forma activa al mismo tiempo que realizaba cursos, como los de Braille, lenguaje dactilológico o de liderazgo para mujeres afiliadas a la ONCE, para seguir formándome.

Actualmente realizo prácticas pre-laborales en Flisa, una empresa de Fundación ONCE. Pude acceder a ellas gracias a la Bolsa de Empleo para Afiliados de la ONCE. Mi función consiste en gestionar albaranes en SAP, Excel y CPR, para comprobar que las fechas y cantidades coincidan con las de todos los albaranes. Cuando comencé las prácticas, recuerdo que no me permitían grabar a mi sola en SAP, pero una vez que he demostrado que soy capaz de hacerlo, ya me delegan estas funciones sin ningún problema.

He tenido que superar muchas dificultades para poder realizar estas prácticas, como aprender a utilizar programas que antes no conocía, o leer impresos que no están escritos a ordenador, pero he podido realizar estas tareas gracias a las habilidades adquiridas para manejar el ordenador e Internet con el ZoomText y a la Tele-Lupa. La mayor dificultad que me he encontrado durante el desarrollo de las prácticas, es el camino que tengo que recorrer para llegar a la oficina de Flisa, puesto que se encuentra en un polígono industrial situado fuera de la ciudad de León, y desde que me bajo del autobús hasta que llego al centro de trabajo, tengo que recorrer un camino difícil y poco transitable.

En resumen, puedo decir que estoy muy feliz realizando estas prácticas, ya que estoy aprendiendo muchas cosas nuevas, y también estoy muy contenta con mis compañeros, que siempre están dispuestos a resolver cualquier duda que me surja y a enseñarme a hacer más cosas cada día.

Los objetivos y necesidades que tenía antes no coinciden con los actuales. Ahora valoro mucho más las cosas y a la gente, como mis padres y mi hermana, que me han ayudado en los momentos más difíciles.

Opino que una mujer con discapacidad auditiva y visual puede realizar un trabajo igual que cualquier otra persona que no tenga ningún tipo de discapacidad, puesto que cada persona puede destacar en distintos aspectos, pero para ello las empresas tienen que darnos la oportunidad de poder demostrar nuestra valía, habilidad y conocimientos.

En general, estoy muy satisfecha con todo lo que he conseguido porque, a pesar de las dificultades que he tenido que ir superando, he podido compaginar mi vida personal y profesional.

¿Quieres conocer más sobre la vida de Yordana? Visita el vídeo de su entrevista en YouTube: http://youtu.be/Chj-tqRE9w8

 

Marina Martín Rodríguez:

Hola, soy Marina Martín, una mujer con sordo-ceguera afiliada a la ONCE. Gracias por contar con nosotras, las mujeres ya un poco maduras para poder transmitir cuál es el secreto de la ilusión para luchar y salir adelante a pesar y por encima de cualquier dificultad, en este caso de la discapacidad. Yo nací vidente y oyente, no tenía ningún tipo de discapacidad, y por aquella fecha mi expectativa era la ilusión por formarme, por trabajar, por ser útil, ser una persona que aportara cosas en la vida. Después mis circunstancias cambiaron, pero curiosamente no perdí la ilusión, sigo siendo una persona con inquietudes, con ganas de luchar, con expectativas de aprender y de aportar. Primero me quedé ciega, la ONCE me apoyó, me prestó las habilidades y las disciplinas que iba a necesitar para habilitarme como una persona ciega y después me ofreció una oportunidad laboral.

Cuando yo era vidente, quería dedicarme a la enseñanza y lo conseguí. Ejercí como profesora de la ONCE en Madrid durante mucho tiempo. Después me aconteció el problema de la pérdida auditiva y yo pensé, sinceramente, que mi vida laboral había terminado, pero tenía la ilusión de que de alguna manera iba a poder tener alguna oportunidad. De nuevo, la ONCE me ayudó, me habilitó, aprendí las cosas que necesitaba para poder adaptarme a mi nueva vida y seguí adelante. La ilusión no la he perdido, he cambiado de trabajo, pero he seguido teniendo oportunidades y la vida continúa.

En mi caso, en mis circunstancias, con mi discapacidad, de todos los retos o dificultades y las barreras que he tenido que superar, el más importante ha sido, precisamente, el de la formación, para poder habilitarme, capacitarme, para poder optar a un puesto de trabajo. Para mí eso siempre ha sido lo más importante de la vida, entre otras cosas porque entiendo que la independencia del ser humano viene por la independencia económica y para eso es muy necesario encontrar un trabajo.

Soy una persona completamente satisfecha como trabajadora de una empresa, en este caso, de la ONCE. He tenido las oportunidades que puede tener cualquier persona: hombre o mujer, con discapacidad o sin ella. A mí se me ha valorado siempre por mis capacidades, como nuestra institución acostumbra a hacer, se ha confiado en mí, me han ofrecido un contrato de trabajo con el mismo horario y con la misma remuneración salarial que cualquier profesional de mi escala profesional, vidente o invidente, como cualquiera de mis compañeros. Mi grado de satisfacción es óptimo, me he sentido perfectamente tratada como persona y como profesional.

Me siento valorada y respetada en el trabajo que realizo. Eso no quiere decir que haya que bajar la guardia. Creo que precisamente por respeto a uno mismo hay que seguir formándose día a día, hay que seguir aprendiendo y hay que seguir aportando lo mejor que tenemos, luchando en definitiva, precisamente para dar la respuesta que de nosotros se espera.

Me gustaría transmitir un mensaje: Lo importante no es lo que hago, si no el por qué lo hago y cómo lo hago, porque seguro que hay muchísimas personas, en este caso mujeres en el mundo, muy luchadoras, con discapacidades muy severas, mucho más que la sordoceguera y que hacen cosas muy importantes. En mi caso concreto, mi experiencia de vida me dice que las cosas se hacen porque se tienen oportunidades, y en este caso, nuestra Institución me las ha dado, me ponen a mano los recursos para que yo pueda desempeñar mi función en mi trabajo, como son los profesionales de interpretación, los profesionales de la comunicación y, entre otras cosas, los avances tecnológicos. Todas las personas necesitamos y merecemos una oportunidad para salir adelante.

En lo referente a la igualdad de género, es más el deseo de los hombres a reaccionar positivamente, que la reacción real. En algunos aspectos sí: el apoyo familiar, el reparto de tareas, mentalidad abierta, etc. Creo que una vez más nos toca a las mujeres tomar cartas en el asunto, sobre todo porque somos madres, educadoras y somos las que desde pequeñitos estamos en contacto con los hijos, por lo que es en el seno de la familia donde hay que practicar una política de igualdad a la hora de educación de los hijos. Creo que las madres deberíamos de empezar a no dar tantos biberones de machismo, evitar términos como: “eso es propio de chicas”, “eso es propio de chicos”. Es decir, educarlos desde el principio en una conciencia de igualdad, y hacerles ver que la diferencia entre hombres y mujeres es exclusivamente biológica, pero en cuanto a personas, realmente no existe.

La diferencia entre una mujer trabajadora con discapacidad y otra sin discapacidad es ver qué tipo de necesidades y de ayudas, son las que necesita la mujer con discapacidad para llegar a desenvolverse exactamente igual que una mujer que no la tiene, para poder hacer las mismas cosas y tener el mismo estatus social.

Yo creo que donde deben de cambiar las cosas es en la cultura, es decir, el aprendizaje lleva al conocimiento, y el conocimiento lleva a la independencia intelectual, a saber pensar. Esto es lo que promueve una actitud mental, que es el problema que tiene básicamente la sociedad; si una sociedad es culta, formada y está en libertad, no pone distintivos al ser humano, ni por ser hombre, ni por ser mujer, ni por tener una confesionalidad religiosa, política, una tendencia sexual o una discapacidad. Básicamente es la cultura, la formación, y eso es lo que lleva a un cambio de actitud mental, una mente abierta y que afecta al ser humano común.

¿Quieres conocer más sobre la vida de Marina? Visita el vídeo de su entrevista en YouTube: http://youtu.be/acO3sVpGXZQ

 

Jennifer Murray:

Me llamo Jennifer Murray y soy de Glasgow (Escocia). Tengo 23 años, soy ciega, tengo un problema auditivo que me obliga a llevar dos audífonos y una leve parálisis cerebral que apenas afecta a mi vida diaria. Estudio en la Universidad del Oeste de Escocia, vivo con mis padres y tengo una hermana que vive en Inglaterra. Ella trabaja como educadora de perros guía. Como a todos los jóvenes, me encanta salir con mis amigos, viajar, escuchar música y jugar al Goalball entre otras cosas.

Al comienzo de mi etapa educativa, iba a una escuela para niños con discapacidad, pero la cerraron y a los 8 años tuve que cambiar de escuela. En la segunda había un departamento para niños con ceguera o deficiencia visual. A los 12 años empecé asistir a un Internado para ciegos ubicado en Edimburgo, me gustaba más, aunque no nos enseñaron a ser independientes para cuando saliésemos del instituto. Todavía mantengo el contacto con algunos compañeros.

Después del instituto, estudié Ciencias Sociales durante un año antes de empezar mi carrera de idiomas en el año 2009. En Escocia, cada estudiante recibe varias becas para financiar los estudios, por lo que no tuve ningún problema económico en la universidad. Además, las personas con discapacidad reciben apoyo adicional para sus estudios.

Como parte de las prácticas de mi carrera, trabajé como auxiliar (lectora) de inglés en un Colegio de Primaria en Murcia a través de un programa de movilidad estudiantil. En Murcia, me quedé con una familia de acogida y la ONCE me encontró una asistenta y me asignó una técnico de movilidad para ayudarme a desenvolverme en la vida diaria de la ciudad.

La verdad que mi experiencia en Murcia es inolvidable, tengo muchos recuerdos felices por las oportunidades que tuve. Estoy agradecida por todo el apoyo que tuve y por los amigos que hice, sin ellos mi año en el extranjero no hubiera sido tan agradable.

En estos momentos estoy cursando mi último año de la carrera. Como proyecto final tengo que escribir una tesina, la cual, consiste en estudiar la integración de las personas ciegas y el sistema educativo de España. Después de terminar mis estudios, tengo la intención de volver a este país para trabajar nuevamente como auxiliar de inglés.

En cuanto a la igualdad de género entre hombres y mujeres, creo que las mujeres son capaces de hacer el mismo trabajo que los hombres. Aunque la sociedad de hoy esté cambiando paulatinamente y cada vez acepte más a las mujeres en el lugar de trabajo, todavía existen barreras estereotipadas. Cabe añadir que las mujeres no son diferentes de sus contrapartes, a veces, incluso pueden hacer un mejor trabajo que los hombres. En el tema de la discriminación por discapacidad, las personas con discapacidad pueden hacer el mismo trabajo que sus compañeros, con el apoyo necesario, recursos adecuados disponibles, paciencia y la comprensión del resto de compañeros de trabajo.

Ninguna de estas condiciones, género o discapacidad, influyen por tanto en la capacidad real de las personas, por eso es doblemente injusto el hecho discriminar a una persona por ser mujer y además tener una discapacidad. Tenemos que esforzarnos por demostrar a la sociedad que somos doblemente capaces.

¿Quieres conocer más sobre la vida de Jennifer? Visita el vídeo de su entrevista en YouTube: http://youtu.be/FQt74X6AlM8

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